Volver y este año para celebrar tantas cosas buenas que me devolvieron como la alegría de vivir que al inicio es una sonrisa de ojos serios y luego te descubres riendo a carcajadas una noche bajo la luna contemplando el mar que besa la arena gorda y rojiza por una broma que hacía rato tu adorable no hacía y te das cuenta que estás soltando tensiones y también desprendiendo raíces para ver dónde plantarlas por un poco más de tiempo..
Pero siempre le digo a las amistades, visiten y disfruten de una parte sencilla y refinada a la vez de la Costa Azul francesa; esa Riviera que muchos quieren imitar pero no pueden, pues desde Mentone hasta Marsella cada calanque y cada localidad es especial.
Pruebe a estar en la playa pública y olvídese de los baños italianos que le han quitado la naturalidad al mar , porque desde la fila 18 de sombrillas usted no escucha las olas besar la arena y pagar por conectarse con el azul de todos es un absurdo que los franceses nunca han permitido les ocurra .
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